El Octubre Picassiano ofrece una exposición de Óscar DomínguezEs la primera muestra monográfica en Andalucía de uno de los máximos representantes del Surrealismo español |
| 02/12/2009 - 11:50:23 | |
La exposición 'Óscar Domínguez. Fuego de estrellas' se muestra al público en las salas de exposiciones de la Fundación Pablo Ruiz Picasso (Plaza de la Merced, 13 y 15) hasta el 7 de febrero de 2010. La muestra reúne 67 piezas, entre obras de arte y documentos, del canario provenientes de las colecciones del TEA (Tenerife Espacio de las Artes), depositario de los fondos del Instituto Óscar Domínguez, que a su vez reúne la mayor colección de obras de este autor, en la que constituirá la primera exposición monográfica del artista en Andalucía. Además, se ha contado con la colaboración del Gobierno de Canarias que ha cedido para esta ocasión dos de las obras expuestas. Para conceder a la obra de Domínguez la importancia que le corresponden, la Fundación ha optado por dedicar a esta muestra sus dos espacios expositivos de la Plaza de la Merced: en la sala de la Casa Natal, en Plaza de la Merced nº 15, se exhiben las obras en las que Domínguez emplea la técnica de la decalcomanía, con el complemento de una sala de proyecciones en la que se exhibe de forma permanente el segmento de película, titulado “Visita a Óscar Domínguez”, que Alain Resnais dedicó al autor en 1947, mientras que en la gran sala de Plaza de la Merced nº 13 se muestra la evolución artística de Domínguez entre su juventud en la década de 1920 y su último año de vida, a través de pinturas, dibujos, libros ilustrados y esculturas en metal. El surrealismo Considerado el artista canario más reconocido internacionalmente, Domínguez constituye un caso especial dentro del surrealismo, ya que junto a obras que se adscriben al realismo surrealista de formas nítidas y dibujo preciso, tal como lo practicaba Dalí, el artista tinerfeño optó también por la experimentación técnica, innovando a través de los procedimientos de la decalcomanía y el frottage, tal como nuestra exposición pondrá de relieve merced a la incorporación de pinturas y dibujos en los que se manifiesta en todo su esplendor los diversos modos de la creación surreal en Domínguez. Inagotable, plural y complejo, Domínguez hizo de la extrañeza el hilo conductor de toda su producción: el sueño, los automatismos instintivos, el delirio y el inconsciente se nos muestran como vías de acceso al otro lado de la realidad, al lugar en el que anida agazapado el deseo. Junto a los elementos de la vida moderna, el paisaje telúrico de las islas Canarias, muy presente en la obra de Domínguez, sirve para aportar un elemento de autenticidad que sirve para revestir al artista no como al ilustrador de un credo estético sino como chamán que desvela una verdad salvaje en la que de nada sirven las teorías ni otras coartadas, sino la respuesta que anida, esquiva, en el misterio. Contemplado desde este punto de vista, el arte de Domínguez traza una inestable cartografía de los sueños, en los que los rostros ocultan identidades y la mujer oficia de sacerdotisa de un culto venidero. Óscar Domínguez y Picasso Óscar Domínguez (San Cristóbal de la Laguna, Tenerife, 1906-París, 1957), hijo de un rico terrateniente isleño, realiza sus primeras pinturas a la edad de veinte años, en los que las arenas negras de Tenerife ocupan un lugar especial. Poco después, en 1927, realiza su primer viaje a París por imperativo paterno dentro de las labores familiares del comercio de exportación de plátanos. En una segunda estancia parisina, entra en contacto con Pablo Ruiz Picasso y se involucra con las actividades del naciente movimiento surrealista. Sus amigos más directos pasarán a ser los que también se convertirán en sus maestros: el propio Picasso, Salvador Dalí, Max Ernst, Yves Tanguy, Victor Brauner, Roberto Sebastián Matta. En 1935 participa en la Exposición Surrealista de Santa Cruz de Tenerife y ahonda en la realización de objetos-poema. En 1936 descubre la técnica de la decalcomanía, presente también en nuestra muestra, que tendrá una fulgurante acogida entre sus compañeros surrealistas y tendrá una derivación posterior dentro del expresionismo abstracto. De regreso en Francia tras una azarosa huida de Canarias durante la Guerra Civil Española, sus décadas finales de vida tendrán como escenario principal la ciudad de París a la vez que su actividad se multiplica: son los años de la elaboración, junto a Ernesto Sábato, de la teoría del tiempo petrificado, de la intensificación de la amistad con Picasso, del descubrimiento de la escritura, de la definitiva ruptura con la ortodoxia surrealista y, finalmente, de la locura. La nochevieja de 1957 será el momento de su suicidio en el curso de una fiesta. |




