Algodonales: un paraíso en la sierra en la Ruta de los Pueblos BlancosAlgodonales en una localidad de la sierra de Líjar, en Cádiz, y a unos 140 kilómetros, de Málaga, que se emnarga en la Ruta de los Pueblos Blancos |
| 29/12/2008 - 19:09:05 | JOSÉ MANUEL BRAZO MENA |
DATOS PRÁCTICOS Cómo llegar: Algodonales se encuentra situado el noroeste de la provincia de Cádiz, a unos 140 kilómetros de Málaga. Se puede llegar desde Ronda (A-376) o bien desde Campillos (A-382). MONUMENTOS: Ruta arqueológica: A unos 4 kilómetros del pueblo se encuentra el yacimiento arqueológico del Cerro de la Botinera, un asentamiento de época ibero-romana (siglo II a.C.-II d.C. ) con restos de estructuras diseminadas en sus laderas y cumbre. ACTIVIDADES: A la sombra de sus montes de propios nace la Muela. Los amantes de los deportes de aventura tienen allí el acceso a las pistas de vuelo. Aunque los primeros asentamientos humanos, en la época neolítica, tuvieron lugar en los abrigos naturales de Cueva Santa, Chamusquina y Castillejo, junto a las fortificaciones ibéricas del Cerro de la Botinera, según cuentan las viejas crónicas, fueron vecinos de la cercana Zahara quienes a comienzos del siglo XVI empezaron a colonizar una vega extendida a los pies de la sierra de Líjar, en la cuenca del río Guadalete, que al poco tiempo, con la agrupación de las primeras casas, se convirtió en la Puebla de los Algodonales, denominación con la que el núcleo fue conocido durante toda la Edad Moderna. Pese al derribo que en el siglo XVI sufrieron las casas de los colonos por parte del Concejo de Zahara, en el año 1566, el enclave adquirió el rango de aldea, siendo nuevamente devastado durante la Guerra de la Independencia en 1810, cuando las tropas francesas incendiaron el núcleo, dando muerte a casi una décima parte de su población. El escudo actual del municipio (una casa incendiada) refleja la tragedia sufrida por sus habitantes en aquel conflicto. Segregación Precisamente, el comportamiento heroico de los defensores de la Puebla frente al ejército napoleónico fue el argumento que esgrimieron para exigir su segregación de Zahara de la Sierra. En 1817, el rey Fernando VII otorgó a Algodonales el título de villa y un término propio de 23.000 fanegas. Hoy día se compone del núcleo principal y la pedanía de La Muela. El visitante podrá contemplar en su recorrido un caserío abrazado por infinidad de huertas y acunado entre naranjos, membrillos, granados, y vastos olivares que contrastan con el blanco de las casas, destacando la monumental iglesia de Santa Ana y su esbelta torre, construida en 1784 por arquitecto José Álvarez, en la plaza de la Constitución, que es el centro neurálgico de la villa. Otras ermitas que se pueden visitan en el casco urbano son la de Jesús Nazareno, y de la Concepción, mientras que la de la Virgencita está situada en las afueras, constituyendo un lugar donde el pueblo acude en romería en el mes de mayo. El agua es un recurso muy abundante en Algodonales, al que Madoz, en su Diccionario del siglo XIX, alude nombrando las 12 fuentes de agua dulce y perenne por donde aflora el líquido desde los cursos subterráneos de la sierra: La Higuera, Algarrobo, Alta, Higuereta, Cabeza, Chorrito, San José, Dornajo, Cristóbal Gómez, Zapata, Muela y Víboras. Una de estas surgencias, denominada del Algarrobo, se puede visitar en la calle de la Fuente, cuya construcción está formada por 12 caños dorados que manan desde tiempo inmemorial, al lado de los Lavaderos, mientras que en la avenida Fuente Alta, se puede contemplar otro manantial del mismo nombre. Además del casco urbano, Algodonales conserva recursos turísticos vírgenes, aun sin explotar, reservándole al visitante una sorpresa a cada paso. Su paisaje característico en el que contrasta un suave valle con los relieves más abruptos y accidentados de la sierra, su alto nivel ecológico, sus bosques de especies antiquísimas, fuentes a cada paso, hacen de él un pueblo ideal para hacer un alto en el camino. Entre las rutas, fuera del casco urbano, destacan la subida a la Sierra de Líjar, accediendo al macizo rocoso por la aldea de La Muela, así como la excursión al Cerro de la Botinera, un yacimiento situado a 4 kilómetros de la localidad, en una pequeña loma cercana a la vertiente oriental de la sierra, desde donde se divisan los principales asentamientos del territorio, como Pruna, Olvera, El Gastor y Zahara e incluso los restos de la ciudad romana de Acinipo. La excursión, no puede concluir sin la obligada visita a la gastronomía del lugar, entre cuyos platos destacan el potaje de tagarninas, las sopas tostadas con espárragos, las chacinas y los quesos artesanales, además de las aceitunas partidas, menú que puede completarse con los afamados ‘gañotes’, postre digno de los mejores manteles. |



