Inicio Noticias Barceló lleva al CAC su fascinación africana en una muestra inédita

Barceló lleva al CAC su fascinación africana en una muestra inédita

El Centro propone un acercamiento a la intensa influencia del continente en su obra

22/12/2008 - 16:29:49 | MARINA MARTÍNEZ

Necesitaba tomar aire. Pero no se fue a la vuelta de la esquina. La bocanada le llegó en África. Hasta allí viajó Miquel Barceló y allí, en el desierto, encontró la «iluminación». Buscó un buen lugar para trabajar y se instaló en Gao, un pequeño pueblo junto al río Níger. Fue el comienzo de una gran amistad. De hecho, han pasado veinte años, y se mantiene como el primer día. Tanto es así que ha marcado un punto de inflexión en su obra, sirviendo de «origen» -en sus palabras- de la producción posterior a aquel primer flechazo de 1988.

No hay más que ver Obra africana, la muestra con la que el CAC Málaga descubre esa fascinación del artista mallorquín por el África subsahariana en una exposición inédita en España que reúne trabajos en papel, pinturas de pequeño y gran formato, esculturas, cerámicas y libros de bocetos, y que sólo se podrá ver en Málaga.

Hasta el 15 de febrero, se reúne por primera vez una selección -82- de las obras que Barceló ha realizado en el continente africano y otras muchas vinculadas a esa mirada comprometida inspirada en las costumbres, la vida cotidiana, los paisajes y los habitantes de un universo que ya ha marcado su trayectoria. Y todo a pesar de los obstáculos.

Para empezar, las inclemencias del tiempo no son precisamente las ideales para un artista. Sin embargo, Barceló ha sabido aprender a trabajar con ellas. Por ejemplo, el polvo de las tormentas de arena. «Alguien me dijo que el polvo se metía dentro de las latas de sardinas y pensé que exageraba, pero me encontraba un polvo finísimo que al principio intentaba limpiar, hasta que vi que era una especie de plus», advertía ayer en la presentación de la muestra, después de habérselas tenido que ingeniar en muchas ocasiones para acabar sus trabajos. Pintar de espaldas, por ejemplo, para hacer frente al viento o evitar esa sequedad que dejaba sin pintura el pincel en el pequeño trayecto del bote a la tela.

Hasta ha aprendido a convivir con las termitas y su poder corrosivo, «y ahora es un placer ver que trabajan veinticuatro horas al día». Hasta tal punto, que algunas de sus piezas presentan incluso los agujeros hechos por las termitas.

Atraído por el paisaje

Tampoco pasa inadvertido a sus ojos la belleza del paisaje africano, que deja patente en las superficies irregulares de su prolífica colección de cuadros. Y eso que, en un principio, Miquel Barceló tenía miedo de caer en un «orientalismo moderno» o en «pintar siempre ríos o negritos». «El exotismo fácil es un peligro que siempre está ahí acechando, y la banalidad está acechando a cualquier artista, pero no se deja de ser banal no pintando una manzana, sino una papaya», consideró el creador, para quien el colonialismo «una lacra terrible».

Lejos de ello, para Barceló, África es «un gran ejercicio de vida». Con sus matices, ya que, como comentaba, «puede ser un infierno y, en pocos segundos, el continente más risueño y alegre».

De hecho, aseguraba ayer el artista que lo que más echa de menos de África cuando está fuera es reírse. Y es que, después de veinte años de idilio, Miquel Barceló prácticamente ha hallado una segunda familia en aquellos vecinos. Algunos quedan reflejados en los retratos, pero también en las escenas domésticas, paisajes y naturalezas muertas que ahora exhibe el CAC Málaga. En ellos se deja ver que, a diferencia de otros artistas, lo que atrae a Barceló no es lo exótico del lugar sino la vida cotidiana de sus habitantes.

Algunas de esas piezas se muestran por primera vez al público en este recorrido cronológico comisariado por el director del Irish Museum of Modern Art, Enrique Juncosa, y organizada en colaboración con esta misma pinacoteca y otras colecciones privadas e instituciones, como el Centro Pompidou de París o el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona.

«Son trabajos menos analíticos que otros, es una obra más inmediata, centrada sobre todo en el dibujo», explicó el propio Juncosa, para quien la obra africana de Barceló es, ante todo, una «experiencia vital». Al fin y al cabo, lo que el creador pretende no es plasmar esa realidad sino vivirla. «Mali es más que un escenario, es un lugar donde vivir, compartir y entender», aclaraba, por su parte, el director del CAC Málaga, Fernando Francés.

Con esta filosofía, el artista se fija en situaciones tan cotidianas como el ir y venir de mujeres anónimas, los trajes indígenas de vivos colores o la magnitud de sus paisajes, como eje. Hasta lo utiliza como campo de experimentación. Juega, así, con los pigmentos y las tierras africanas para producir colores de gran intensidad. Algo que, unido a la pobreza de la región, impregna su obra de cierto carácter espiritual.

Pero también experimenta Barceló en otro campo desconocido para él hasta su llegada al continente vecino: la cerámica, creada con esa sensación de urgencia tan característica del artista. Ahí se encuentra, por ejemplo, el germen de esas cerámicas con las que decoró la Catedral de Palma, y para la que utilizó esas «técnicas milenarias» que le enseñó una alfarera «sin torno, electricidad ni ninguna herramienta», recordó el creador, que no olvida aquí especialmente el influjo de Picasso. «Ha sido mi influencia desde que tenía uso de razón. Es como uno de mis santos», reconoce Barceló, algunas de cuyas primeras piezas habitan estos días las salas del CAC Málaga. Entre ellas, la original: Amo, del año 1995. Además de otras curiosas, como Cabeza de gorila, realizada en bronce y bajo la que, en realidad, se esconden unas zapatillas y una cacerola. Hay que fijar la vista para verlas.

La receta, mirar

Precisamente, eso es a lo único que aspira Barceló, a que el público se acerque y vea: «La gente mira poco y cuando lo hace es muy deprisa. Esta es una exposición en la que hay que mirar, no hay más recetas». Parece obvio, pero el consejo cobra sentido cuando se compara con la cultura africana.

Comentaba ayer Barceló, sus amigos de la etnia dogón, de Mali, «reconocen a kilómetros a personas que son un puntito en la lejanía» y hasta son capaces de identificar las rocas, con nombre incluido. Además, según el artista, cuando les enseña sus obras, «como en el juego infantil de ver imágenes en las manchas, ellos nos ganan por mucho».

 
Anterior
  •  1 
  •  2 
  •  3 
  •  4 
  •  5 
Siguiente
El Centro Andaluz de las Letras programa 584 actividades para el último trimestre
Málaga
Escritores como Rosa Regás, Luis García Montero, Joan Margarit y Antonio Muñoz Molina participarán en algunas de las actividades programadas por el CAL
Guantes y patines para dar la bienvenida al invierno
ocio
Divertida jornada familiar en la pista de hielo de Benalmádena
Abba baila sobre hielo
Espectáculos
Acróbatas del Circo del Sol y campeones olímpicos de patinaje estrenan en Málaga 'Mamma Mia on ice'
Un hipopótamo pigmeo en Fuengirola
TIEMPO LIBRE
Los visitantes pueden observar a la cría de esta especie vulnerable y a su madre en un recinto que recrea una laguna de África ecuatorial

y más

Costa del GolfCosta del Golf
Todo el golf, más cerca
Mesa y mantelMesa y mantel
Comparte recetas, críticas y recomendaciones en nuestro foro
ComprasCompras
Comprar en Málaga: tiendas, productos, novedades y las mejores marcas
Bodegas y vinos de MálagaBodegas y vinos de Málaga
Vinos del Consejo Regulador de Denominación de Origen